¿Es malo leer?
¿Conocéis
esa sensación de ser diferente, de no encajar? Yo sí que la conozco, es más, la
vi de frente, tomamos un café muy largo y se fue. Todos me tachaban de rara, me
veían y decían; “Mira, ¡esa es a la que le gusta leer! Y tenían razón, me
gustaba leer y me sigue gustando. Me gustaba hasta el punto de ir siempre con
el libro bajo el brazo ondeándolo como una bandera. Con el libro en las manos
en el recreo, alimentándome de las palabras y de la sabiduría de ellos. Me
gustaba hasta el punto de leer en el coche de camino a la escuela, incluso si me
mareaba. A los 11 años esperaba con ansias a que me llegara la carta de
admisión de la escuela de brujería Hogwarts, y sigo pensando que me tocó la
lechuza tonta y se estrelló contra un avión. Gracias a Geronimo Stilton pensaba
que los ratones eran como los humanos. Por la calle iba con miedo de que me
apareciese un vampiro y me transformara. Hasta buscaba el Instituto de
cazadores de sombras de Barcelona para poder reclamar mis runas.
Me
sumergí en un mundo increíble, al abrir un libro me transportaba a una era
diferente, a un mundo totalmente distinto. Y los chicos y chicas se reían de mí.
Se reían por el simple hecho de que me gustaba leer. Pero si ellos supieran o
hubieran experimentado la sensación de tener un libro nuevo, de abrirlo y de
olerlo, de querer abrazar a un personaje y luego querer abofetearle, llorar por
la muerte del mejor amigo del protagonista, por el amor prohibido, sonreír con
las caricias y los besos de dos enamorados y desear ser tú la protagonista.
Ponerte a dormir con el libro terminado entre los brazos y al día siguiente
despedirte de él con un beso para coger otro de las estanterías. Saberme
acogida y protegida al entrar en una biblioteca llena de libros e historias con
los que la gente ha sonreído, protestado, reído, llorado… ¡Es una sensación
increíble!
Al
principio me avergonzaba de no encajar, llegaba a dejar el libro en casa por
culpa de las críticas que pudiera tener. Me llegaba a avergonzar de mi misma.
Me preguntaba, ¿por qué me gusta leer? ¿Por qué las otras niñas juegan con las
muñecas y yo leo sobre ellas? ¿Por qué soy diferente? ¿Es malo leer?
Y
esa pregunta la respondo yo, la Anna de ahora. NO, no es malo. Es más, es
mejor. Ahora leo en el recreo a veces y mis amigas lo entienden. Leo entre
clase y clase…
Y
si pudiera cambiar algo en mi vida sería a la niña tímida que jugaba con sus
amigas pero deseaba llegar a casa para poder leer. Lo cambiaría y me pondría a
leer.
Y
así concluyo mi relato, con las cosas que debería haber cambiado.







